IMG_0314Se nos fue, y como las cosas que te han dejado buen sabor de boca en la vida, cuesta de asimilar que es cuestión de Ley de la humanidad. Ya nos costó entender que se iba del toreo, pero bueno, siempre quedaba la opción de poder verlo ocasionalmente en algún festival u ocasión similar, pero se marchó. Y por suerte la vida nos regaló una nueva versión de su toreo, el de su hijo Jose Mari, y con él hemos vuelto a paladear ese toreo dulce, suave y elegante del Mediterráneo por el cual los aficionados nos derretimos cuando sale bien.

No voy a poner ninguna foto suya conmigo, no quiero el protagonismo, el protagonista es él, aunque se haya marchado, ni tampoco fotos de su toreo de las cuales tengo muchas buenas por suerte, pero sí esta imagen. Llevo años con este cuadro colgado en mi oficina, más de veinticinco diría yo, y nunca me cansé de mirarlo. Tengo otro de Curro Romero, y otros de Joselito, de José Tomás y de Juli. Pero el de Manzana es especial, y no sé por qué. Estos días lo he estado mirando con rabia. Pero me siento afortunado de haberlo gozado en vida y de seguir viéndolo cuando su primogénito pincela pases sobre el albero mientras imaginamos que él lo mira desde el cielo acompañado de Camarón a la guitarra. Descansa en Paz torero. La familia taurina de los festejos populares se suma a este dolor.

 

Por Alberto de Jesús