Se suele utilizar este juego de palabras cuando ciertos objetivos son atacados con precisión y no pocas veces, por no decir siempre, con alevosía y nocturnidad.

A principios de julio la peña futbolera a la que pertenezco decidió celebrar el final de temporada de la liga haciendo una fiesta campera entre amigos para darnos un festival de comida y echar unas risas. Elegimos la ganadería de José Mur en Alfara de Carles (Tarragona) y allí que nos fuimos.

Angelina nos atendió de fábula y todo fueron facilidades, buen ambiente y predisposición. La gente que fuimos, taurinos o no, se lo pasaron en grande, todo perfecto. Ni un maltrato, ninguna vejación, ni una salida de tono, nada.

Hablando con Angelina nos comentaba el temor que tenia de que su medio de vida se fuera al traste porque intuía algo después de los últimos movimientos, de los que mejor no nombrar con nombres y apellidos, pero que todos sabemos quienes son.

Ayer día 21 de septiembre se publica una nota en www.barcelonataurina.com donde se informa que tanto las ganaderías de José Mur como la de Rogelio Martí se les prohibía la celebración de exhibiciones taurinas, capeas y fiestas camperas, su actual modo de supervivencia. El pecado argumentado es el de que se realizaban exhibiciones a turistas, sin sangre, sin muerte, nada, unos pases que a la vez servían de tientas para los becerros y novillos.

De nada ha servido tener todo en regla, de tener 100 años de actividad ganadera catalana y sobretodo pensar que mandan a unas personas al paro y a unos animales a la muerte, paradójicamente.

Seamos claros y os lo dice un catalán, los políticos y su entorno se han metido en un embrollo que no saben como salir y que se limitan a parchear a cada paso. Prohibieron los toros por presiones políticas cuando ni Lluís Companys lo hizo a la vez que protegían los correbous para contentar al sur sabiendo que ambas cosas eran contradictorias. Como se han quedado a medias, ¡ oh solución !, cortamos la raíz que son las ganaderías empezando por estas dos que se sustentan de esas capeas. A las demás quien sabe si les llegará su momento.

Esta indignación alcanza el nivel máximo cuando uno se entera que una conocida familia de políticos sin rubor alguno ha realizado capeas fuera del territorio catalán mientras su partido colabora en la extinción de esta actividad en su propia tierra.

Desde estas humildes líneas y agradeciendo el que durante tantos años ambas ganaderías hayan colaborado contra viento y marea en mantener esta pasión sin saber cual será su devenir final quiero darles ánimos y coraje.

 

¡¡ VERGÜENZA SUPINA !!.

 Fran Simó