Los encierros de toros llegaron a Estados Unidos, en Petersburg, Virginia, se hizo una pista para realizar esta tradicional fiesta de Pamplona. Video en el interior…

Para la ocasión se erigió una cerca a un lado de la pista y se apisonó tierra -por lo que se gastó 50.000 dólares- “porque queremos que los toros estén seguros y las personas estén seguras”, dijo Rob Dickens, el organizador del evento, que espera llevar a otras nueve ciudades a lo largo de Estados Unidos.

El recorrido barroso de 400 metros es más corto -menos de la mitad- y menos vertiginoso que las sinuosas calles de piedra de Pamplona, donde se celebran cada julio los San Fermines, envueltos en la fama y el romanticismo gracias al escritor estadounidense Ernest Hemingway.

Pero ante cualquier eventualidad los 4.000 entusiastas, que pagaron como mínimo unos 50 dólares, debieron firmar un permiso que eximía a los organizadores de responsabilidad legal por muerte o lesiones.

Antes de cada carrera -ocho en total- los altoparlantes retumban la melodía de “El bueno, el malo y el feo”, seguida de las reglas: la primera y la última, no tocar los toros.

Un falso cementerio de corneados y el verso “¡Perded toda esperanza los que entráis” – alusivo al infierno en la Divina Comedia, de Dante- intentan sembrar el temor y la emoción.

Pero tras los primeros encierros, los toros no despiertan mucho miedo. “No es tan aterrador, pero es de todos modos emocionante”, describe Nick, un joven de 24 años de Virginia, tras la primera carrera, que cree “fue un calentamiento para España, el próximo año”.

“Si hiciéramos eso (como en Pamplona), en Estados Unidos nos matarían”, señala con ironía Preston Fowlkes, dueño de los 26 toros, traídos de su rancho en Kentucky.