La sociedad pierde uno de esos hombres, de los que no quedan muchos, que siguen matando toros a espada, para que asistamos a la arena a rendirnos ante su valor, su arte y su ejemplo hacia todos los demás.
 
Reflexiones de Williams Cárdenas, presidente de la AIT en una comunión de profundo dolor con la Tauromaquia Universal.
 
Cuando se pierden, todas las vidas duelen, especialmente cuando nos tocan de cerca, o cuando por diferentes circunstancias, se centran en personas poseedores de una connotación simbólica, que causan un fuerte impacto social. Es justo el caso de Iván Fandiño.
 
Los toreros son los últimos héroes de nuestra época, pero no sólo porque se juegan la vida tarde a tarde en ese ballet trágico que es la corrida, en la que se recrea un arte único, sino por los valores que cultivan y recrean, aunque en los últimos tiempos se les niegue el agua y la sal.
 
Pero es que además los toreros son de los individuos de nuestra sociedad mejor preparados, no sólo físicamente, que lo son, sino también psíquica y moralmente, formados en los valores del esfuerzo al límite, del sacrificio, del estoicismo, del valor, de la disciplina, del respeto a la jerarquía, de la educación, de la consideración hacia los demás, de la tolerancia y los buenos modales, a las formas, al rito, a la liturgia, con capacidad suficiente para dar a su obra una concepción ética y estética.
 
Todo esto no es normal. No hay otro colectivo de seres humanos que se les parezca. A veces para tratar de explicarlo recurrimos a conceptos irreales, como aquello de que “los toreros están hechos de otra pasta”, pero no es así. Son seres iguales a nosotros, idénticos en alma y cuerpo, sólo que por amor a su difícil profesión, se exigen a niveles supremos que los hace parecer seres de otra galaxia.
 
Por eso cuando muere un torero no muere uno más,¡muere uno de los mejores!. La muerte de Iván Fandiño nos conmueve hasta lo más profundo al ser conocedores de su gran sacrificio, dedicación y esfuerzo por ser, entre los mejores, el mejor. Y así, con ese objetivo en su mente se paseó junto con Néstor García su apoderado y fiel amigo, por todos los ruedos del mundo, en Europa y también en América, donde triunfó plenamente, y hoy se le recuerda con mucho cariño en una comunión de dolor de la Tauromaquia universal.
 
La Tauromaquia paga de nuevo su eterno tributo de sangre, pero la sociedad pierde uno de esos hombres, de los que no quedan muchos, que siguen matando toros a espada, para que asistamos a la arena a rendirnos ante su valor, su arte y su ejemplo a todos los demás. ¡Dios lo tenga en su gloria!
 
 
William Cárdenas Rubio
Presidente AIT
Madrid, 20.6.2017