Cuestión de minutos

Cuestión de minutos

marzo 4, 2020 0 Por Manuel Mariano Igualada Aragón

De todos nosotros son conocidos esos interminables momentos, a veces horas, en los que después de unos pocos minutos de exhibición, nos encontramos con el lastimoso espectáculo de asistir a la rendición física y anímica del gran protagonista de nuestra única y exclusiva fiesta que es ni más ni menos que el toro bravo. ¿Qué podemos hacer cuando instantes después de soltar un astado para ser exhibido en nuestras calles, este, por diferentes motivos deja de afrontar la batalla y en consecuencia, deja de ser protagonista de un espectáculo que en principio debería de ser justo e imparcial?.

Seguramente alguien o algo habrá fallado, posiblemente no habrá sido el toro, que en un principio, y no nos equivoquemos, está criado para una lidia de aproximadamente diez o quince minutos en una plaza de toros y no para una exhibición de a veces más de una hora en calles asfaltadas y con una muchedumbre a su alrededor. Toros criados con unas características muy diferentes a las que requiere una exhibición de ‘bous al carrer’, pero toros que nosotros con nuestra infinita cabezonería, seguiremos adquiriendo en ganaderías de ‘champions’ a precios de ‘gourmet’, esperando un milagro que solo se produce en un uno por cien de las probabilidades, pero bueno, así nos va.

Como os decía, ¿Qué podemos hacer? Simplemente en un principio voy a dedicarme a poner varios ejemplos ejemplares (valga la redundancia). A continuación, voy a poner algunos que a veces pueden servir y otras no, y finalmente pondré algunos que sinceramente son los que motivan esta reflexión y que os aseguro que deberíamos mejorar.

Ejemplos ejemplares: Almassora, llevo más de cuarenta años viendo toros por doquier, y lo de Almassora, para mí, es insuperable. Se exhiben varios toros, se guardan para embolar, pero durante la tarde hay un protocolo absolutamente inmejorable que todos conocemos. A los treinta minutos, independientemente del juego del astado, pero que para mí es un tiempo correcto, se sueltan los cabestros y cuando digo cabestros, digo CABESTROS con mayúsculas, para guardar al toro. En el caso de que este desista, existen varias alternativas intermedias para que a través de recortadores totalmente implicados con ayuda de engaños etc, el toro acabe en chiqueros. En el caso de que este plan b también falle, debemos recordar que la zona de toriles está acotada con unas rateras estratégicamente situadas para que el toro no pueda deshacer el entuerto. Al final, resulta prácticamente imposible que en cuestión de pocos minutos el toro no vuelva a toriles para ser embolado por la noche. A todo esto hay que añadir que de una manera totalmente diligente el siguiente toro pasa a ser exhibido inmediatamente.

A veces pueden servir y otras no: La mayoría de las localidades, continúan apostando por los siglos de los siglos en la suerte, localidades con toriles, sin toriles, con rateras acotando zona de toriles, sin rateras acotando zonas de toriles, con cabestros, sin cabestros, con enlazadores expertos, con enlazadores inexpertos, con recortadores que colaboran, con recortadores que no colaboran, con engaños, sin engaños… O sea, una especie de lotería que no sabemos a qué Santo, pero que unas veces funciona y otras no. Personalmente, no recomiendo tanto riesgo.

Reflexión: Personalmente, creo que el tiempo de exhibición de un astado fluctúa en base a dos factores, el primero es que si el toro lo debemos embolar, por la tarde no debe estar exhibido más de unos veinte o treinta minutos. En el caso de que no vaya a ser embolado, este tiempo estará en función del juego del astado, pero nunca debería exceder ni un minuto más del tiempo en el que el toro presente una batalla digna y justa ante su adversario que se supone que es el recortador. Es muy degradante para la fiesta y para el espectáculo, el sinsentido que supone ver a un astado exhausto, humillado, rendido, extenuado, exangüe, consumido, mientras los ‘aficionados’ por un lado y los mismos organizadores por otro, continúan ignorando el paso o no de unos minutos que diferencian entre la dignidad y sentido de una exhibición o la vergüenza y el ridículo de la misma. A todos los organizadores de festejos, os pido por favor que os quedéis con el ejemplo de Almassora y muchas otras localidades que tienen muy claro el hecho de que uno de los principales factores de una buena exhibición, son la organización de la misma exhibición y dentro de ella, el más importante es el control del tiempo y de los factores que forman parte del enchiqueramiento del toro después de su exhibición. Insisto que de ello depende el futuro de nuestra fiesta, de nuestra dignidad y de nuestra profesionalidad. Cuando un toro deja de pelear, aceptemos su comportamiento, agradezcamos su existencia y devolvámoslo con la mayor dignidad y respeto a donde corresponda.

Es cuestión de minutos… ¡Ni uno más, por favor!