Circulares y palmeros

Circulares y palmeros

diciembre 10, 2019 0 Por Manuel Mariano Igualada Aragón

He pasado esta última temporada soportando a algunos recortadoruchos o asfalteros y digo soportando a algunos, porque no se les puede decir nada, están por encima del bien y del mal, les importa tres cominos lo que opinemos aficionados de 56 años como yo, que hemos conocido a recortadores que además eran grandes aficionados, les importa tres cominos que un toro lo pague una peña con todo el esfuerzo de un año, les importa tres cominos que una comisión este todo un año trabajando para que unos individuos se lo carguen todo en un minuto. Afortunadamente continúan habiendo recortadores que al mismo tiempo son grandes aficionados, excelentes amigos y mejores personas pero de los que por desgracia quedan muy pocos. Dicho esto, me gustaría separar el trigo de la paja. Para mí, el trigo es ese selecto grupo de recortadores que acuden a localidades como La Vilavella y muchas otras de Valencia, como Massamagrell, Museros, El Puig, Puçol, Rafelbunyol, o a concursos de recortes, etc… Y la paja es ese grupúsculo de personajes que desafortunadamente se están poniendo de moda y que de una manera muy resultona y populista se cargan en cuestión de segundos el esfuerzo y la ilusión de muchas personas, abonados, vecinos, peñistas, etc… Curiosamente, no vemos a ningún recortadorucho o asfaltero en ninguna de las localidades citadas en el primer apartado pero sí que los vemos en recintos con calles anchas, desniveladas y asfaltadas con toros nobles y bravos que acuden con franqueza a cualquier engaño.
Por mi parte, dejar claro que aunque me considero un aficionado normal y corriente, nunca he sabido ni he podido recortar a un toro, por lo que de entrada, me gustaría reconocer el valor de cualquier recortador, pero en el caso de que alguna vez hubiera sabido o podido hacerlo, os aseguro que mi actitud con el animal hubiera sido siempre respetuosa, considerando que es un ser vivo al que hay que darle una mínima y digna oportunidad para defenderse ante el reto de afrontar su muerte en una fiesta tan única y exclusiva como la nuestra.
Dicho esto, voy a concluir diciendo que estoy hasta las narices, de ver como una tarde sí y otra también, el recortadorucho de turno humilla, revienta, anula, degrada, desprecia, somete, rebaja y maltrata al ser más venerable del planeta que es el toro bravo a base de someterlo a tres, cuatro o más circulares, pero estoy más hasta las narices de ver, como inmediatamente después de esta tragicomedia, aparecen una cuadrilla de palmeros que como súbditos del asfaltero lo arropan con aplausos como si de un héroe se tratara.
Me gustaría finalizar pidiendo a estos recortadoruchos, asfalteros y palmeros, que analicen el comportancimento del animal cerril después de estar sometido a esta humillación. A ver si os dais cuenta de una puñetera vez de que el animal os lo acabáis cargando. Ya está bien de circulares y palmeros. A los de los circulares, que se vayan a La Vilavella a probar allí por ejemplo y a los palmeros que en lugar de aplaudir a un asfaltero aprendan a acompañar a un buen cantante de flamenco, que también es otro de los tesoros de los que goza nuestra cultura.